El maestro frente al espejo: conciencia crítica y arquetipos en la Nueva Escuela Mexicana

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Tal vez el verdadero desafío no sea enseñar la Nueva Escuela Mexicana, sino crear las condiciones para que el maestro pueda mirarse al espejo sin miedo y reconocerse como protagonista de su propia transformación.


Se ha dicho recientemente que cuatro de cada diez maestros no comprenden la Nueva Escuela Mexicana. La afirmación puede sonar alarmante, pero reducirla a una cifra es simplificar un fenómeno profundamente complejo. No se trata únicamente de capacitación técnica, ni de dominio conceptual del plan y los programas. El problema es más hondo: toca la estructura misma de la conciencia.

La Nueva Escuela Mexicana se inscribe en una lógica emancipadora. Pretende formar sujetos críticos, capaces de leer su realidad, cuestionarla y transformarla. En términos freireanos, busca que el individuo pase de una conciencia ingenua a una conciencia crítica. Pero aquí emerge la primera tensión: nadie puede conducir a otro hacia una emancipación que él mismo no ha comenzado a experimentar.

Carl Jung hablaba de los arquetipos como estructuras inconscientes que configuran nuestra forma de estar en el mundo. El arquetipo del maestro autoritario, del subordinado obediente, del salvador sacrificial o del funcionario temeroso pueden operar silenciosamente en la práctica educativa. No son decisiones conscientes; son patrones heredados culturalmente, interiorizados desde la infancia, reforzados por experiencias de miedo, violencia simbólica, religiosidad acrítica o sumisión institucional.

Si el docente vive atrapado en un arquetipo de miedo —miedo a perder el empleo, a ser señalado, a disentir— difícilmente podrá promover en sus alumnos una conciencia liberadora. Si su propia historia emocional está marcada por la obediencia ciega o por la represión de la crítica, el discurso emancipador puede quedarse en retórica.

Desde el psicoanálisis freudiano, podríamos decir que existen pulsiones y mecanismos de defensa que también intervienen. La racionalización, la negación o la identificación con la figura de autoridad pueden inhibir el desarrollo de una conciencia objetiva. A veces el sujeto prefiere adaptarse a la estructura que lo limita antes que enfrentar la angustia de transformarla. Es más cómodo habitar el cliché que arriesgar la ruptura.

Y aquí aparece el quiebre: la Nueva Escuela Mexicana exige lectura crítica de la realidad, organización pacífica ante la injusticia y construcción colectiva del sujeto histórico; pero el maestro mismo puede encontrarse oprimido por sus propios condicionamientos inconscientes y por estructuras laborales que amenazan su estabilidad económica y su pensión. La contradicción es evidente: se le pide formar ciudadanos críticos mientras vive en un contexto que penaliza la disidencia.

No se trata de culpabilizar al docente. Al contrario, se trata de reconocer que la emancipación no es un acto meramente pedagógico, sino también psicológico, cultural y político. La liberación freireana implica conciencia de la opresión, pero también valentía para desnaturalizar los propios miedos. Y eso no se logra únicamente con lineamientos curriculares.

De ahí la necesidad de un enfoque multidisciplinario. Países como Finlandia o Canadá han incorporado acompañamiento socioemocional y reflexión profesional profunda como parte del desarrollo docente. No para “eliminar arquetipos” —porque estos forman parte de la estructura psíquica— sino para hacerlos conscientes. Cuando el arquetipo se reconoce, pierde parte de su dominio inconsciente.

La pregunta de fondo no es si el maestro entiende o no la Nueva Escuela Mexicana en términos técnicos. La pregunta es si las condiciones estructurales, emocionales y simbólicas permiten que el docente se asuma como sujeto histórico capaz de transformar su realidad.

Porque, en efecto, lo que no se tiene no se puede dar. Quien no ha iniciado su propio proceso de liberación difícilmente puede acompañar la liberación de otros. La conciencia crítica no se decreta; se construye. Y se construye en comunidad, con diálogo, con acompañamiento, con seguridad laboral y con coherencia institucional.

Si el maestro permanece en el confort de sus clichés o en la resignación de la opresión, la Nueva Escuela Mexicana corre el riesgo de convertirse en discurso sin praxis. Pero si el docente logra reconocerse como sujeto histórico, sentipensante, capaz de cuestionar incluso sus propios arquetipos, entonces la propuesta emancipadora deja de ser teoría y se convierte en posibilidad real.

Tal vez el verdadero desafío no sea enseñar la Nueva Escuela Mexicana, sino crear las condiciones para que el maestro pueda mirarse al espejo sin miedo y reconocerse como protagonista de su propia transformación.

Referencias

Apple, M. W. (2008). Educación y poder. Paidós.

Bourdieu, P. (1990). El sentido práctico. Taurus.

Diario Oficial de la Federación. (2019). Decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones del artículo 3º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia educativa.

Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.

Freire, P. (1996). Pedagogía de la autonomía: Saberes necesarios para la práctica educativa. Siglo XXI Editores.

Freire, P. (1997). Cartas a quien pretende enseñar. Siglo XXI Editores.

Freud, S. (1923/1992). El yo y el ello. Amorrortu Editores.

Freud, S. (1930/1992). El malestar en la cultura. Amorrortu Editores.

Giroux, H. A. (1990). Los profesores como intelectuales: Hacia una pedagogía crítica del aprendizaje. Paidós.

Jung, C. G. (1959). Los arquetipos y lo inconsciente colectivo. Paidós.

Secretaría de Educación Pública. (2022). Plan de estudio para la educación preescolar, primaria y secundaria. SEP.

Secretaría de Educación Pública. (2023). Libros de texto gratuitos de la Nueva Escuela Mexicana. SEP.


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