El fantasma lancasteriano en tiempos de austeridad educativa: gestión de la escasez, deshumanización pedagógica y crisis del proyecto público

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Crisis demográfica, precarización docente y contradicciones de la Nueva Escuela Mexicana


1. La tormenta perfecta: menos niños, más docentes sin plaza

México atraviesa una contradicción estructural: mientras la matrícula en educación básica comienza a descender por razones demográficas —solo en primaria la reducción supera el 8 % en el último sexenio—, el sistema continúa produciendo egresados de las escuelas normales que no pueden incorporarse al servicio profesional docente. A ello se suma un cuello de botella jubilatorio: miles de maestras y maestros con más de treinta años de servicio permanecen activos no por vocación, sino por un entramado normativo que posterga el retiro digno.

Este escenario revela una fractura ética del Estado. Aun cuando se prometió la apertura de rutas de jubilación, la política educativa ha quedado subsumida a una racionalidad económico‑financiera que prioriza la contención del gasto antes que los derechos laborales. El resultado es una transferencia silenciosa de costos hacia el magisterio, mientras los fondos derivados de sus aportaciones continúan alimentando circuitos de acumulación que benefician a élites administrativas y financieras, profundizando así la precarización estructural del trabajo docente.

La ecuación es perversa:

  • reducción progresiva de grupos,
  • desaparición de plazas frente a grupo,
  • contención presupuestal,
  • y una generación completa de jóvenes docentes en espera.

Desde una lectura crítica, no se trata de un problema técnico sino político: el Estado administra la escasez sin redefinir de fondo el sentido del trabajo docente ni el horizonte civilizatorio de la educación pública.

Aquí emerge la tentación histórica: hacer más con menos maestros.

2. El modelo lancasteriano como racionalidad económica (no pedagógica)

El sistema monitorial, desarrollado por Joseph Lancaster a inicios del siglo XIX, fue concebido como una solución de bajo costo para educar masas populares: un solo maestro dirigía grandes grupos auxiliado por alumnos monitores (Lancaster, 1821). Su lógica central no era la formación integral, sino la eficiencia administrativa.

Dicho modelo respondía a una economía educativa basada en:

  • concentración de alumnado,
  • delegación del acto pedagógico,
  • estandarización del contenido,
  • y disciplina jerárquica.

Hoy, esa matriz reaparece bajo formas aparentemente modernas pero estructuralmente regresivas: grupos ampliados, plataformas digitales, videos institucionales y figuras ambiguas de “facilitadores” que sustituyen el acompañamiento pedagógico profundo. El monitor ya no es únicamente un alumno aventajado: ahora puede ser una interfaz tecnológica que administra contenidos, tiempos y conductas.

Este desplazamiento configura lo que aquí denominamos lancasterianismo 4.0[1]: una pedagogía tercerizada y automatizada que, bajo el discurso de la innovación, reproduce viejas lógicas de control, estandarización y ahorro laboral.

Como advierte Freire (1970/2005), cuando la educación se reduce a transferencia mecánica, “los hombres dejan de ser sujetos para convertirse en objetos” (p. 72).

3. De la pedagogía al management educativo

Este proceso implica una mutación profunda del rol docente: de mediador crítico a gestor de multitudes. La enseñanza se convierte en logística; el aula, en espacio de administración del tiempo, del comportamiento y de los cuerpos.

La Constitución mexicana no establece un número máximo de alumnos por maestro. Sin embargo, quien sí lo determina hoy es la lógica de mercado: allí donde disminuye la matrícula, se concentran grupos; donde sobran docentes, se eliminan plazas; donde falta proyecto pedagógico, se impone el criterio financiero.

Así, la Secretaría de Educación Pública deja de operar desde una pedagogía del derecho y pasa a administrar la demanda: ajusta plantillas, compacta grupos y normaliza la sobrecarga docente como si se tratara de un proceso natural, cuando en realidad responde a una racionalidad neoliberal de gestión educativa.

Han (2014) señala que la sociedad contemporánea ya no necesita disciplinar desde fuera: el sujeto se autoexplota creyendo que se realiza. En educación, esta lógica se traduce en docentes que absorben más carga laboral bajo el discurso de la eficiencia.

El problema no es sólo didáctico. Es ontológico.

Desde una lectura foucaultiana, el aula contemporánea se configura como un espacio biopolítico: un dispositivo donde se gestionan poblaciones, se regulan ritmos, se normalizan conductas y se optimiza el rendimiento. Foucault (2007) explica que el poder moderno ya no opera principalmente por prohibición, sino por administración de la vida misma. En este sentido, la concentración de grupos, la medición constante del desempeño y la sobrecarga docente constituyen tecnologías de gobierno que transforman la educación en una práctica de control poblacional más que en un proceso de emancipación. El lancasterianismo 4.0 aparece así como una actualización pedagógica del biopoder: no castiga, organiza; no reprime, optimiza.

4. Contradicción frontal con la Nueva Escuela Mexicana

La Nueva Escuela Mexicana sostiene como ejes la dignidad humana, el pensamiento crítico, la inclusión y la educación situada. Sin embargo, como ha señalado Marx Arriaga en diversos posicionamientos públicos, estos principios chocan con lo que denomina las “cloacas de la SEP”: entramados burocráticos, inercias administrativas y prácticas clientelares que neutralizan cualquier intento de transformación pedagógica desde abajo (Arriaga, 2025). Para Arriaga, no basta con cambiar el discurso curricular si no se desmontan las estructuras que reproducen simulación, verticalidad y control, pues ahí es donde realmente se decide el destino de la escuela pública.

Estos principios requieren:

  • grupos atendibles,
  • presencia docente real,
  • lectura contextual,
  • diálogo pedagógico,
  • acompañamiento permanente.

El modelo monitorial —clásico o digital— opera en sentido inverso: masifica, homogeneiza y despersonaliza.

Más aún: un retorno implícito al lancasterianismo colocaría al propio sistema educativo en una contradicción ética profunda entre su discurso humanista y sus prácticas administrativas. Se proclama al estudiante como centro del proceso educativo, mientras se diseñan estructuras que lo convierten en dato estadístico.

5. Cierre: no es innovación, es regresión histórica

Pensar en un regreso funcional del lancasterianismo no es paranoia: es lectura estructural del momento.

Ante la crisis demográfica y presupuestal, el sistema puede optar por dos caminos:

  1. profundizar la precarización docente mediante modelos de concentración y sustitución pedagógica, o
  2. resignificar la profesión docente como eje de reconstrucción social.

El primero reduce costos.
El segundo exige proyecto civilizatorio.

Volver al siglo XIX para resolver problemas del siglo XXI no es modernización: es regresión pedagógica.

Cuando la educación se gestiona como gasto, el aula se convierte en bodega de cuerpos; cuando se piensa como derecho, el aula vuelve a ser espacio de humanidad.

Referencias

Arriaga, M. (2025, 30 de diciembre). El funcionario incómodo de la SEP. Educación Futura. https://www.educacionfutura.org/marx-arriaga-el-funcionario-incomodo-de-la-sep

Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido (30ª ed.). Siglo XXI. (Trabajo original publicado en 1970).

Foucault, M. (2007). Nacimiento de la biopolítica (Curso en el Collège de France, 1978–1979). Fondo de Cultura Económica.

Han, B.-C. (2014). Psicopolítica: Neoliberalismo y las nuevas técnicas de poder. Herder.

INEGI. (2024). Estadísticas de educación básica 2018–2024. https://www.inegi.org.mx

Lancaster, J. (1821). The Lancasterian system of education, with improvements. Lancasterian Institute.

SEP. (2024). Principales cifras del sistema educativo nacional. https://www.gob.mx/sep


[1] Nota bene: sobre el lancasterianismo 4.0

El concepto lancasterianismo 4.0 es una categoría analítica contemporánea que retoma la lógica del sistema monitorial clásico (Lancaster, 1821) y la actualiza al contexto digital. Puede distinguirse históricamente:

  1. Lancasterianismo 1.0: enseñanza mutua del siglo XIX (maestro + monitores).
  2. Lancasterianismo 2.0: versiones asistenciales del siglo XX en contextos de escasez docente.
  3. Lancasterianismo 3.0: tutorías cruzadas y modelos compensatorios.
  4. Lancasterianismo 4.0: pedagogía tercerizada y digitalizada, donde plataformas y dispositivos sustituyen la presencia pedagógica.

Esta última versión no es innovación educativa, sino reciclaje tecnocrático de una vieja economía del aula.