No movieron un dedo en defensa de los derechos de las y los trabajadores cuando se privatizaron las pensiones en 2007; al contrario, se dedicaron a promover la reforma lesiva del derecho a la jubilación. No movieron un dedo cuando se impuso la reforma punitiva de EPN en 2013; por el contrario, recibieron, incluso, cuantiosas sumas de dinero para promoverla. No movieron un dedo cuando se secuestraron los libros de texto de los niños y niñas de la educación pública en 2023; al contrario, inauguraron el ciclo escolar sin libros de texto, junto a sus secuestradores. No movieron un dedo ante la iniciativa de reforma a la Ley del ISSSTE en 2025, que trasladaba el desfalco multimillonario de ese instituto al salario de las y los trabajadores. Y así podríamos seguir.
¿Y hoy anuncian “autonomía sindical”?
¿A qué autonomía se refieren? ¿Al permiso que se dan ustedes mismos de no ser transparentes, de no representar a las y los trabajadores de la educación?
¿A qué autonomía? ¿A la que les ha permitido juntarle votos al partido del patrón en turno, sea el gobierno que sea, y que ustedes mismos declaran como si se tratara de un logro sindical?
¿A la que tiene Alfonso Cepeda Salas para ocupar, violentando los estatutos del SNTE un día sí y el otro también, su puesto de senador plurinominal y su cargo de secretario general, para los que nadie votó por él?
¿A qué autonomía se refieren? ¿A la que les permitió engañar a nuestros compañeros y compañeras en 2007 para que optaran por el nefasto régimen de AFORES, mientras ustedes optaban por el Décimo Transitorio?
¿A la que les permite entrar a la estructura sindical como profesores y salir como supervisores, directores, subdirectores, jefes de sector o hasta en la lista de diputados plurinominales del partido con el que negocian los derechos de las y los maestros?
¿A qué autonomía se refieren? ¿A la de Elba Esther Gordillo y la fortuna multimillonaria que construyó —como ella dijo— gracias a la herencia que le dejó su mamá, una maestra rural?
¿Cuál autonomía? ¿La de llevar porros a reventar congresos cuando los votos no les favorecen?
¿La de obstaculizar cualquier demanda justa de grupos de maestros y maestras, al tiempo que desarticulan la posibilidad de organización y congelan la exigencia?
¿Cuál autonomía? ¿La de convertir el verdadero sindicalismo en tráfico de influencias? ¿En una mera plataforma de servicios? ¿En anunciar cuándo llega el día del bono o incluso el día de pago de aguinaldo, como si esto fuese consecuencia de la buena voluntad del gobernante y del representante sindical, y no del trabajo de las y los trabajadores?
¿La autonomía con la que desinforman a los compañeros, diciéndoles que, si no están de acuerdo con ustedes y con su comité seccional, pueden perder sus prestaciones sindicales?
¿A qué autonomía? ¿A la autonomía con la que obligaron a repartir volantes en los cruceros a los maestros y maestras que, ante la necesidad de un cambio de escuela, accedieron porque no les quedaba de otra? ¿O la autonomía con la que, en conjunto con el patrón, se repartieron las plazas a su conveniencia, aprovechándose de la necesidad y comprando voluntades?
¿A qué autonomía? ¿A la que enmudece ante los empresarios de la educación? ¿Ante los constantes ataques al principio de laicidad de la educación pública?
¿A qué autonomía se refieren?
En fin, eso de la autonomía parece ser, para sorpresa de nadie, otra forma de promover su proyecto político particular que, como hemos visto, siempre se ha construido a espaldas de las y los trabajadores de la educación y del interés general.