Fogatas Insurgentes como praxis contrahegemónica: diálogos entre Freire, Dussel, Giroux y McLaren

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Las Fogatas Insurgentes recuperan así una pedagogía situada, territorial y comunitaria, que reconoce a las maestras y los maestros como intelectuales colectivos…


Desde la tradición de la pedagogía crítica latinoamericana, la problemática descrita no puede entenderse únicamente como una falla técnica de implementación, sino como una expresión de un proyecto educativo atravesado por relaciones de poder. Paulo Freire advirtió que cuando la educación se separa de la realidad concreta de los pueblos y se somete a lógicas administrativas, se transforma en un dispositivo de domesticación. En esta misma línea, Enrique Dussel señala que los sistemas modernos —incluidos los educativos— tienden a producir exterioridades: sujetos, comunidades y saberes que quedan fuera de los marcos de reconocimiento institucional, aun cuando son quienes sostienen material y simbólicamente dichos sistemas.

La sobrecarga administrativa que hoy enfrenta el magisterio mexicano puede leerse, desde Dussel, como una forma de negación de la vida pedagógica. La escuela deja de ser un espacio para la producción de sentido y se convierte en una instancia de reproducción de la racionalidad instrumental, donde el docente es reducido a operador funcional del sistema. Esta lógica responde a lo que el filósofo denomina la razón fetichizada, en la que los procedimientos, los formatos y los indicadores adquieren mayor valor que los sujetos concretos y sus condiciones de existencia.

Por su parte, Henry Giroux ha advertido que el avance de modelos tecnocráticos en educación responde a una racionalidad neoliberal que despoja a la escuela de su potencial democrático. Desde esta perspectiva, la imposición de esquemas de rendición de cuentas, evaluaciones estandarizadas y métricas de desempeño no es neutral, sino que forma parte de una pedagogía de la despolitización. La escuela, en lugar de formar sujetos críticos, es orientada a producir individuos adaptables, obedientes y funcionales al orden existente. En este sentido, la burocratización del trabajo docente no solo administra el tiempo escolar, sino que limita deliberadamente la posibilidad de que el magisterio se asuma como intelectual crítico y actor político-pedagógico.

Peter McLaren, retomando y radicalizando a Freire desde el sur global, ha señalado que toda pedagogía crítica debe partir de una lectura situada de las condiciones materiales de explotación y desigualdad. Desde Abya Yala, esto implica reconocer que los territorios escolares están atravesados por dinámicas coloniales, extractivistas y de despojo que impactan directamente en los procesos educativos. La insistencia en formatos, evidencias y controles administrativos funciona entonces como una pedagogía del disciplinamiento, que neutraliza la indignación ética y desvía la atención del conflicto social hacia el cumplimiento procedimental.

Es frente a este entramado de dominación pedagógica donde emergen los Proyectos Magisteriales Insurgentes (PMI), organizados en Fogatas Insurgentes, como una praxis educativa contrahegemónica. En clave freireana, las Fogatas Insurgentes constituyen espacios de diálogo y concientización; desde Dussel, pueden entenderse como prácticas educativas que parten de la exterioridad negada por el sistema; desde Giroux, como escenarios de reconstrucción de la escuela como esfera pública democrática; y desde McLaren, como actos de resistencia pedagógica frente a la colonización neoliberal del currículo y del trabajo docente.

Las Fogatas Insurgentes recuperan así una pedagogía situada, territorial y comunitaria, que reconoce a las maestras y los maestros como intelectuales colectivos y a las comunidades como portadoras de saberes históricamente subalternizados. En estos espacios, la educación deja de ser un ejercicio de adaptación y se asume como una práctica política orientada a la dignidad, la justicia educativa y la transformación social. No se trata de cumplir con un perfil de egreso abstracto ni de responder a indicadores diseñados desde el escritorio, sino de construir procesos formativos con sentido ético, histórico y comunitario.

Desde esta perspectiva, la innovación educativa no puede reducirse a la incorporación de nuevos instrumentos de planeación ni a la sofisticación de los mecanismos de control. Como coinciden Freire, Dussel, Giroux y McLaren, innovar implica disputar el sentido mismo de la educación: decidir si la escuela seguirá siendo un espacio de reproducción del orden o si se convertirá en un lugar de resistencia, organización y producción de futuros posibles desde los territorios de Abya Yala.

Referencias

Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido (30.ª ed.). Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1970)

Freire, P. (1998). Cartas a quien pretende enseñar. Siglo XXI Editores.

Dussel, E. (1998). Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión. Trotta.

Giroux, H. A. (2011). On critical pedagogy. Bloomsbury Academic.

McLaren, P. (2015). Pedagogía crítica y lucha de clases en la era de la globalización neoliberal. Siglo XXI Editores.


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