Por:  José Antonio Martínez Gutiérrez.

El asesinato  perpetuado en contra de dos estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa es simple y llanamente un acto  de cobardía que abona  aún más la ya cansina paciencia ciudadana a tope de negligencias, corrupción, nepotismo y represión  de protestas sin  los protocolos necesarios de quienes se encargan de procurar  la justicia y el orden público.

En lenguaje coloquial, “se les pasó la mano”  a los neófitos policías reflejos del gobernador de Guerrero y a los federales espejos de Calderón.

Y es que nadie duda que las protestas encabezadas por los estudiantes  debieron ser castigadas pues cerraron la autopista Cuernavaca-Acapulco dañando con ello derechos de terceros,  sin embargo,  no era motivo suficiente para  la acción  desnaturalizada de quienes “intentaron” devolver la circulación de dicha autopista.   La tolerancia  de la policía de Guerrero  y la policía federal fue  tristemente pequeña   y reaccionó contrario a lo  humanamente aceptable para   detener y en su caso procesar a quienes a través de  actos  vandálicos  manifestaban sus demandas para ser escuchados.

Que independientemente de lo legítima o no de las demandas de los Normalista, no era moneda de paga la vida de dos jóvenes tan mexicanos –ni más ni menos- como sus propios asesinos que actuaron con alevosía y ventaja.

Estas barbaries no sólo deben ser condenadas en forma unánime, sino que implica por lo menos una exigencia social para esclarecer los hechos y  la  vez tener  certeza de que los culpables serán castigados.      Eso esperamos  -con quizás pocas esperanzas-  de éste  sistema de justicia  mexicano en el que muchas veces los culpables son inocentes y los inocentes paradójicamente culpables.

Y si ya de por sí es lamentable el asesinato de los jóvenes normalistas,  lo es más el ambiente político polarizado donde con era obviarse no hay quien falte lleve agua para su molino con miras al proceso electoral de 2012.    En efecto habrán  “almejas” nefastas tomando como bandera política éste lamentable suceso que mucho lastima al normalismo mexicano.

A esto sume el tardío e inútil pronunciamiento del SNTE  encabezado por la Mtra.   Elba Esther Gordillo Morales  quien tiempo atrás y sin tapujos manifestara que  las escuelas normales  son “un semillero de guerrilleros“.     Por ello y sin temor a equivocarme,  los  lamentos emanados de las entretelas SNTISTAS no solo son innecesarios, sino bastante  hipócritas.     ¡Se los pudieron ahorrar!

Estimados lectores que en su mayoría son maestros y que obligadamente fuimos normalistas (o aún  lo somos),  no pierdas la oportunidad de manifestar  repudio ante la agresión que sufrió el Normalismo, no es cosa menor la vida de dos jóvenes que lejos  de hacer con ellos mártires,   eran integrantes de ésta sociedad mexicana que no sé hasta cuando seguirá soportando agresiones hacia  sus congéneres en manos de sus autoridades.

¡Ya basta!