Desprotegidos al por mayor.

Es muy lamentable, ofensiva y humillante la forma en que otras personas deciden sobre la vida y el futuro de otras personas; así mismo de dolorosa es ...
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Es muy lamentable, ofensiva y humillante la forma en que otras personas deciden sobre la vida y el futuro de otras personas; así mismo de dolorosa es la situación que desde hace mucho tiempo se ha vivido en toda la república mexicana.

Un gobierno incapaz de administrar nuestra nación, políticos que solo fingen trabajar por el bien de la patria cuando solamente su infinita ambición los mueve al robo y saqueo en medio de la tragedia y la desgracia de cientos de miles.

Pero es más hiriente ver como solo la mayoría de las desgracias le ocurren solo a la clase pobre, y desprotegida; esa que estudia en escuelas públicas, sin médicos de cabecera, sin clubes de socialité, sin guardaespaldas, etc.

Que por casualidad los ciudadanos en condiciones de humildad han sido los que han quedado como rehenes de una guerra diabólica que inició desde el sexenio pasado. Una época desde entonces y hasta ahora que ha cobrado la vida de miles de inocentes que salieron de sus hogares confiados de que regresarían; víctimas y números rojos del conteo interminable de un sistema “democrático” podrido.

Feminicidios, magnicidios, matanzas, y muchos, muchísimos desaparecidos que han tenido la mala suerte de cruzarse en el camino de un grupo de enfermos de poder y ambición; protegidos y tolerados por partidos políticos, representantes institucionales, servidores públicos y funcionarios corrompidos.

La amenaza es latente para todos, para tantos; solo que ahora la cobertura televisiva o periodística (y radiofónica) dependerá del número de asesinados, porque si son dos, tres, cinco, diez o veinte no importarán, pues cada vez se esperarán masacres de más de 43 personas.

De nada servirán más acuerdos políticos, pactos nacionales, reformas estructurales y otras tantas idioteces parlamentarias si quienes deben vigilar su cumplimiento son los primeros en pisotearlas. Solo basta con recordar que nuestra constitución política desde el momento de su promulgación era suficiente para que los mexicanos tuvieran paz y progreso, solo que hasta el día de hoy la pequeña dificultad ha sido que: sus leyes no se han cumplido.

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