Señor Secretario

 

Lastimas mi vulnerable ser porque tu arrogancia arrastra esquirlas de prepotencia, así vuelcas tu miserable miopía sobre los andrajos que tu cobarde persecución me ha causado. Huellas de tortura me revelan tu crueldad, esa crueldad que tu ignorante conciencia solo conoce; así de perdido por sendas desconocidas te enamoras de las ideas ajenas; así de loco, así de enfermo, así de soez.

A tu casa quieres pintar de colores brillantes, olvidando que ya está muy vieja y pobre; así pretendes engañar a quien la vea desde lejos, como si no se supiera que una crónica enfermedad la lacera a diario. Se pudre, se cae, le lloran los cimientos, se le duerme la esperanza.

Apenas me quiero acostumbrar a tus nuevas ocurrencias cuando ya sacaste otro zopilote del costal queriéndonos convencer de que es un canario.

Poco tiempo le queda en la burbuja Señor, poco le falta, poco le sobra, sí, poco y nada han logrado los anhelo de un burgués gachupin.