¿Qué pasa con la evaluación del desempeño docente?

 

Ya son cuatro veces que el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), amplía el plazo para el registro de evidencias de enseñanza, las evidencias de la función de dirección, así como el informe de cumplimiento de responsabilidades profesionales.

¡Cuatro veces y ya preocupa!

El proceso de evaluación del desempeño docente no fluye como imaginaron los evaluadores.

Cierto, nadie ha señalado como fácil evaluar a los maestros mexicanos, pero tampoco se puede validar que tan complejo asunto se sustente en la improvisación y en un método que no observa la práctica docente, y que busca valorarla a través  de “evidencias de trabajo” (subidas a una plataforma de internet), de la voluntad de los directivos para evaluar el cumplimiento de responsabilidades profesionales,  de una planeación con supuesta argumentación y  de un examen de conocimientos.

Claro está que ante las claras dificultades que el INEE y la SEP enfrentan para completar las etapas de evaluación del desempeño docente, resulta por demás ridículo imaginar a agentes externos del INEE (debidamente capacitados) observando la práctica del maestro en el aula escolar.

He aquí un punto de quiebre donde la evaluación del desempeño docente falla porque no observa directamente cómo y en qué condiciones hacen su trabajo los maestros y eso, con todas sus letras se llama:  simulación.

En ese sentido la consecuencia de simular un proceso de evaluación para al magisterio es que el INEE, máxima órgano de la evaluación educativa, carecerá de toda evidencia confiable para asumir juicios concretos y válidos respecto a la verdadera práctica docente.

Y mientras tampoco se explique a detalle cuáles son esas “dificultades de diversa naturaleza” que enfrentan los maestros para cumplir con las evidencias de trabajo, y los directivos para evaluar el desempeño profesional,  que obligaron al INEE  a modificar el calendario de evaluaciones para oxigenar a la evaluación del desempeño docente,  la desconfianza se torna cada vez más legítima y el rechazo magisterial también.