La evaluación universal es un “diagnóstico” sin receta.

 

@JamG_CliO

Con ingeniosa analogía, el Doctor José Ángel Córdova Villalobos Secretario de Educación Pública hizo referencia a la evaluación universal como el diagnóstico que dará certidumbre sobre el tratamiento que requieren los docentes.

Así lo dijo:

“Como médico se los digo: esto no es más que un diagnóstico que no va a generar ninguna acción represiva; al contrario, lo que queremos es ver cómo nos ayudamos mutuamente y detectar en qué áreas un maestro necesita refuerzos para tener un mejor rendimiento con sus alumnos; ese es el tratamiento que queremos aplicar”

Y ante los matices que se le ha dado a la evaluación universal presentándola como  diagnóstica, me declaro incrédulo de que sus resultados presenten la radiografía de las áreas  donde los  docentes tengan necesidades, porque desde el concepto amplio que reviste a la evaluación diagnóstica, no resulta creíble  la metodología tramada por la autoridad educativa y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación para obtener el supuesto diagnóstico.

¡Vaya!, si alguien sabe de diágnósticos y sus consecuencias es precisamente el Doctor que hoy encabeza la SEP.

Tampoco resulta creíble la ayuda mutua que ofrece  Córdova Villalobos,  porque  desde que se habla de la evaluación universal  se ha configurado una percepción casi generalizada de que los maestros son los culpables inmediatos del fracaso educativo.

Si en contraparte miramos el vaso medio lleno y la evaluación universal  representa un verdadero diagnóstico, entonces también me declaro incrédulo con  la autoridad educativa  para recetar el posible “tratamiento” que atienda esas “áreas  detectadas”  en sus maestros y que necesitan refuerzo.

Estimo que la receta será con  medicamentos genéricos profesores porque el sistema de formación continua está normado por los ya famosos cursos en cascadas.

La apuesta ha sido desde hace mucho (y así parece sostenerse con los nuevos lineamientos de carrera magisterial) el atiborro de cursos y más cursos sin validar si existe probada calidad cuando éstos llegan al docente.

Lo lamento -y mucho- porque no veo cercana la posibilidad de un sistema de  formación continua  eficiente para el magisterio.