¿Es la evaluación docente punitiva? Una reflexión a partir de Michael Foucault.

 

La evaluación al desempeño docente es uno de los aspectos centrales de la reforma educativa vigente. La evaluación puso en tensión a diferentes actores y posibilitó dibujar en la arena del campo educativo dos posiciones; unos que están a favor y otros que están en contra, cada uno con sus argumentos e intereses. Quizá, la evaluación, genera mayor tensión y polémica cuando se le asigna un adjetivo o atributo: punitiva. Las autoridades del gobierno federal y estatal, así como las autoridades del INEE han insistido en señalar en varias ocasiones, que la evaluación al desempeño docente, no es punitiva, valiéndose de algunos argumentos para afirmarlo:1)  los docentes que obtengan un resultado insatisfactorio en tres evaluaciones podrán optar por salir del sistema educativo con derecho a indemnización o dejar el aula para ser ubicado en un puesto y servicio distinto; 2) la evaluación tiene un carácter formativo, coadyuva al fortalecimiento de la profesión docente y potencia los procesos pedagógicos que guían los aprendizaje de los niños; 3) la evaluación, dependiendo de los resultados, posibilita obtener incentivo económico o ascenso; 4) Modificación a los procesos de evaluación a partir del 2017, una evaluación más simplificada y flexible.  Los que refieren que la evaluación es punitiva, regularmente, docentes, la CNTE, incluso el SNTE, mencionan lo siguiente: 1) la evaluación a los docentes atenta contra los derechos laborales. Según el artículo 53 de la Ley del Servicio Profesional Docente, procede el cese a la tercera evaluación fallida al personal de nuevo ingreso. Al docente que está en servicio, se le retira del grupo. Si no se evalúa el docente, queda automáticamente cesado sin responsabilidad para la autoridad; 2) la evaluación es punitiva porque se hace sin informar y sin capacitar a los docentes.

Ante las dos posturas descritas, es importante reflexionar qué es punitivo. Según la Real Academia de la Lengua Española, punitivo significa castigar. Pero castigar tiene efectos represivos y efectos “positivos” en las relaciones de poder. Quizá, lo punitivo es más complejo de lo que uno se pueda imaginar o mirar a simple vista. En las siguientes líneas se pretende reflexionar acerca de los mecanismos punitivos, en tanto efecto positivo de los demás procedimientos de poder de acuerdo con la perspectiva de Michael Foucault. Es decir, mostrar que las medidas punitivas (la evaluación) no son simples mecanismos negativos que permiten reprimir, impedir, excluir, suprimir, sino que están ligadas a toda una serie de efectos positivos y útiles, a los que tienen por misión sostener. Los procesos de evaluación a qué y a quién sostiene, ello es el meollo del asunto.

En un primer momento las autoridades presentan a la evaluación como un “medio de buen encauzamiento”, es decir, contar con docentes competentes como un imperativo de calidad y formar docentes obedientes como un imperativo político. Hay todo un poder disciplinario que tiene como propósito principal enderezar conductas. Cómo se da esto, a continuación se ilustra:

El castigo en la disciplina, no es sino un elemento de un sistema doble: gratificación-sanción” (Foucault, 1976: 185). Las autoridades manejan el sentido de la evaluación en términos muy amigables, evitan usar el castigo, al contrario utilizan la recompensa. Hay dos situaciones que lo pueden ilustrar: 1) Utilizan el reconocimiento económico como una forma de motivar a los docentes a la evaluación, el docente se siente más entusiasmado por la gratificación que por la sanción. El docente obtiene un balance de lo que puede ganar y lo que puede perder. Los privilegios pueden ser tan prometedores que el docente los asume, por ejemplo, el aumento del 35% que promete el titular de la SEP al salario en una evaluación destacada, no es cuestión menor, hay razones para hacer la evaluación. Aunque hay reservas, actualmente, de la entrega de los recursos;  2) Se utilizó la evaluación como una gratificación al ascenso de los docentes, muchos docentes han presentado la evaluación para participar en esta promoción. El docente visualiza los privilegios que obtendría al participar en esta evaluación, hace un análisis microeconómico del costo-beneficio y, la realiza. Incluso, cabe mencionar que a diferencia de los docentes de nuevo ingreso, la evaluación para la promoción es voluntaria, al docente se le atrae a través de la recompensa. Aunque la entrega está en duda o en suspenso, a muchos docentes todavía no les asignan la plaza por la que concursaron. De esta manera, la evaluación es el corazón de la reforma educativa, ya que no sólo es el aspecto principal, sino que ahora es el medio por el cual se le conquista a los docentes. Es la forma más sutil y bella de llegar al alma de los docentes y de esta forma reproducir una vez más la dominación y las relaciones de poder. Además de que normaliza y endereza conductas que se quieren desviar.

Otro aspecto de la evaluación, de acuerdo con Foucault es que une cierto ejercicio del poder con cierto tipo de formación de saber, como los siguientes:

a) La evaluación invierte la economía de la visibilidad en el ejercicio del poder. Ahora el poder se ejerce haciéndose invisible, lo visible son los sujetos a los que se les impone. La evaluación a los docentes permite hacer visible a través de las estadísticas (es el conocimiento valioso) las condiciones de ellos, son objetos que son ofrecidos a un poder que los mira y señala sus desviaciones, jerarquiza las cualidades, las competencias y las aptitudes. La distribución por jerarquías o rangos tiene un doble efecto: 1) hace una división de los que “saben y no saben” y por lo tanto, de lo que se va a hacer tanto con unos como con otros, y 2) ejercer presión para que todos lleguen a alcanzar el estándar que se requiere y de esa manera entrar a la subordinación y a la docilidad, sin cuestionamientos. El arte de castigar en el régimen disciplinario utiliza distintas operaciones: referir los actos y señalar las conductas similares a un conjunto que es a la vez campo de comparación, de diferenciación y principio de una regla a seguir. Es decir: normalizar la evaluación.

b) La evaluación hace entrar también la individualidad en un campo documental. La evaluación coloca a los docentes en una constante vigilancia, al igual que en una red de escritura. Introduce a los docentes en una serie de documentos que los captan y los inmovilizan. El poder de la escritura o de lo documental es un elemento esencial para disciplinar a los sujetos. Por ejemplo, si el resultado de un docente es insatisfactorio, el archivo documental capta esta situación y a través de estos documentos es que traza el futuro del docente. Lo mismo pasa con los docentes con evaluaciones destacadas. Al captar al docente a partir de la escritura, pasan dos cuestiones: 1) el sujeto aparece como objeto analizable y descriptible para reducirlo a rasgos específicos y 2) hay una constitución de un sistema comparativo que permite la medida de fenómenos globales, la descripción de grupos, la estimación de las desviaciones de los individuos unos respecto de otros.

La evaluación hacia el desempeño docente en México ha presentado ajustes, importantes, por cierto. Sin embargo, me parece necesario tener una mirada reflexiva de los mecanismos de evaluación, procesos que en muchas ocasiones hacen pensar que la evaluación tiene un carácter punitivo, pero que se invisiviliza a partir de prácticas sutiles. Son mecanismos que ahora no castigan al cuerpo, sino al alma, al pensamiento, la voluntad, las disposiciones; ahora son más “humanos”. Una de las cuestiones importantes sería observar cómo las estrategias que se utilizan al momento de ejercer el poder tienen un efecto que se manifiesta y acompaña la posición de aquellos que son dominados. Los mecanismos que se utilizan con los docentes en la evaluación, nos invaden, pasan por nosotros y a través de nosotros y, lo peor, ni cuenta nos damos o si nos percatamos, no asumimos una diferente posición. Es importante atender a la evaluación docente, sin duda, es necesario, pero es inherente atender los mecanismos de los procesos de evaluación, esos procesos que en muchas ocasiones ocultan lo que tiene que ser visible.